Viajar sin diccionario II

 

Cuando escribimos Viajar sin diccionario (pueden releerla en este link, no se la pierdan!) nos olvidamos de nombrar a un aliado muy utilizado en los últimos años. Uno que nunca nos hubíeramos imaginado. Uno que no es muy cómodo utilizar en la calle, mientras caminás, pero que en otras situaciones te puede «salvar». Bueno, pensándolo bien, con los teléfonos modernos, si podés… Con ustedes, señoras y señores…

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Viajar sin diccionario

 

Una de las preguntas que más nos hicieron en las presentaciones del proyecto educativo, en las entrevistas y en nuestros reencuentros en Buenos Aires fue: ¿Cómo hacían para comunicarse? ¿Cómo se las arreglaban con los idiomas?
Nosotros, muy frescos, les respondíamos: “Nada”. Es que en realidad, no hacíamos nada en especial, sólo teníamos algunos tips.

La experiencia y el sentido común nos decían que si del otro lado hay un ser humano la comunicación es posible. Sabemos que no sólo existe el lenguaje escrito u oral, sino que también está el lenguaje de las señas. Si a eso le sumamos un poco de imaginación, paciencia y sentido del humor… ¡la comunicación es posible! Y no sólo las señas con las manos, sino también los gestos. Todos los músculos que tiene nuestra cara nos permiten transmitir miles de sensaciones. ¡Aprovechémoslos!
Obviamente que no será fácil, mejor dicho, será casi imposible, hablar así de filosofía, política, historia o problemáticas sociales, por mencionar algunos temas. Pero sí vamos a poder conseguir sacar un ticket de bus o tren, conseguir un descuento, un lugar donde dormir o un plato de comida.

A continuación algunas anécdotas y consejos.

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